25 de octubre de 2026
COLUMNA DE OPINIÓN | CENTROS COMUNITARIOS DE CULTO: UNA INVERSIÓN CON RETORNO SOCIAL
Por: Ángel Roa, seremi de Gobierno de Magallanes y Antártica Chilena

La decisión del Minvu de destinar cerca de $5.900 millones a Centros Comunitarios de
Culto ha generado preguntas, sobre todo considerando que el país tiene otras necesidades.
Es una pregunta legítima y creo que vale la pena responderla con datos. Mi convicción es
que se trata de una buena inversión, y quiero explicar por qué.
Lo primero es dimensionar. Es la primera vez que el programa DS27 abre una línea de este
tipo. Son 22 cupos en todo el país, con un tope de 5.450 UF por proyecto, y en total suman
poco más del 1% de un programa de casi 10,8 millones de UF. Tampoco se trata de templos.
Los centros contemplan 120 metros cuadrados, de los cuales como máximo 30 pueden
destinarse al culto, y el resto es para talleres, capacitaciones y reuniones abiertas a todos
los vecinos. Es un monto acotado, pero es un paso histórico.
Además, es un paso que responde a lo que somos como país. Chile es un país de fe. Según
el Censo 2024, el 74,2% de las personas de 15 años o más tiene alguna religión o credo:
54% católica y 16,3% evangélica o protestante, además de testigos de Jehová, Santos de
los Últimos Días, judíos, musulmanes y otras confesiones. Y nuestra Constitución, en su
artículo 1, dice que el Estado debe contribuir a crear las condiciones que permitan a cada
persona "su mayor realización espiritual y material posible". Por eso me parece paradójico
que algo con tanto arraigo casi no haya sido considerado en la política pública.
También hay que mirar el retorno. Las comunidades de fe se sostienen principalmente con
el aporte voluntario de sus fieles, y buena parte de esos recursos va a ayuda social, porque
para ellas es parte de su fe. El Estado ayuda a construir el local una vez, y el trabajo de
todos los días lo ponen ellas.
Ese retorno se ha medido en otros países. En el Reino Unido, el estudio The House of Good
concluyó que los templos generan al menos £12.400 millones al año en valor económico y
social. En Minnesota, el programa de fe InnerChange redujo en 26% los nuevos arrestos y
en 35% las nuevas condenas de quienes participaron, sin costo adicional para el Estado. Y
en Brasil existen las unidades APAC, recintos penitenciarios de inspiración cristiana donde
los internos cumplen su condena acompañados por voluntarios y con un fuerte trabajo
espiritual. El Tribunal de Justicia de Minas Gerais estima que la reincidencia de quienes
egresan de ellas es de 15%, frente a 70% en el resto de las cárceles.
En Chile lo vemos a diario. Las iglesias evangélicas llevan casi un siglo trabajando en las
cárceles. Las Damas de Blanco acompañan desde 1958 a pacientes en hospitales públicos.
El Hogar de Cristo atiende hoy a más de 31 mil personas, y el Ejército de Salvación mantiene
comedores para personas en situación de calle, ollas comunes para adultos mayores y
apoyo a migrantes. Y cada fin de semana, miles de niños, niñas y adolescentes participan
en escuelas dominicales, catequesis y grupos juveniles, donde aprenden valores, hacen
música, comparten con otros y ocupan su tiempo libre en algo distinto a la calle.
Este trabajo pesa todavía más en las poblaciones donde el narcotráfico se ha tomado los
barrios y al propio Estado le cuesta entrar. Ahí muchas veces siguen presentes las
comunidades cristianas, a veces con una iglesia cada pocas cuadras, haciendo trabajo
social con el riesgo que eso significa. Acompañan a familias donde falta uno de los padres o
donde hay pobreza o violencia, y se transforman en un factor de protección para niños,
niñas y adolescentes. Lo hacen todos los días sin costo para el Estado. Creo que hay un
sesgo hacia las comunidades de fe que no ha permitido ver este aporte, y por eso me
parece ilógico no apoyarlas.
El Estado ya invierte en cultura y deporte porque sabe que protegen a los jóvenes. El mismo
DS27 financia este año 169 equipamientos comunitarios, entre canchas, plazas, bibliotecas
y skateparks. La fe también es un factor protector y debe estar en esa lista. Si queremos
que las nuevas generaciones salgan del círculo de la droga, la violencia y la pobreza,
tenemos que usar todas las herramientas disponibles. Muchos jóvenes lo han logrado
gracias al deporte, a la cultura o a una comunidad de fe.
Esta línea es un primer paso, y creo que hay que seguir ampliándola. Un local abierto, donde
los niños tienen dónde estar después del colegio, es una inversión que vale la pena.
Las autoridades también revisaron obras para mitigar los efectos de lluvias intensas, la intervención del puente Zenteno y el financiamiento para mejorar la ruta 9 hacia el sector sur de la comuna.
Las autoridades también revisaron obras para mitigar los efectos de lluvias intensas, la intervención del puente Zenteno y el financiamiento para mejorar la ruta 9 hacia el sector sur de la comuna.



































































































































































