11 de octubre de 2026
COLUMNA DE OPINIÓN | LO URGENTE Y LO IMPORTANTE
Por: Marcos Buvinic

Uno de los principales ámbitos en que vivimos nuestra maravillosa libertad es en el discernimiento de nuestras opciones y decisiones, nuestras búsquedas y proyectos; pero, frecuentemente, nos sentimos atrapados en el dilema de los problemas urgentes y los que son importantes. Esto sucede a nivel personal y social, en todas las instituciones y en el país. En esa tensión, vamos tomando decisiones y buscando resolver lo que se nos vienen encima y cuya solución no admite demoras. Pero, al mismo tiempo, muchas veces, postergamos importantes asuntos que visualizamos en nuestra vida presente y futura, sin que nos parezcan urgentes.
No es fácil discernir la urgencia e importancia de las situaciones que enfrentamos y tomar las decisiones adecuadas y oportunas. Frecuentemente las situaciones que enfrentamos llegan a nosotros contaminadas por mezquinos intereses de todo tipo, de personas o grupos. Además, hay problemas globales que parecen tan importantes como urgentes: la crisis ecológica y el cambio climático, la IA que va más rápido que cualquier acuerdo o legislación que oriente su uso, el invierno demográfico que vivimos en Chile y el envejecimiento del país. Pero, también están las guerras absurdas con miles de víctimas, las catástrofes naturales y su secuela de destrucción y damnificados, y las crisis económicas que empobrecen a muchos y enriquecen a unos pocos. ¡Todo es importante, todo es urgente! ¿Qué hacer y cómo hacerlo?
Todo se complica aún más cuando bajamos al nivel personal, y ante cualquier situación nos preguntamos qué es lo más importante: voy o no voy, digo o me callo, actúo o me inhibo, pago o no pago, y una larga lista de preguntas en las que tenemos que decidir qué es lo urgente y qué es lo importante. En medio de eso, a menudo, nos enredamos, nos confundimos y, frecuentemente, lo que nos parece más urgente y que no siempre es lo más importante, llena todo el horizonte.
En este asunto de discernir qué hacer, tenemos algunos enemigos que siempre rondan y otros amigos que pueden ayudar. Aquí, hoy nos detendremos en un enemigo que siempre quiere colarse; en otras columnas iremos viendo otros enemigos y, sobre todo, los amigos de nuestro discernimiento.
Cuando vivimos en función de lo urgente nos aceleramos y le abrimos la puerta a un enemigo miope y de mirada corta, decidimos atropelladamente y, así, lo que aparece como urgente suele ser resuelto a través de la improvisación, pero la prisa no es buena consejera. Es cierto que, a veces, pueden darse soluciones geniales, pero no se puede vivir apostando al ingenio de la improvisación o de las intuiciones.
Es el drama del “cortoplacismo”, que es ir viviendo reactivamente ante lo que se nos impone, y por eso mismo con poca libertad, sin objetivos claros ni planificación. Es el agotador ritmo de vivir urgidos por lo impostergable que, lo más probable, es que pudo haber sido previsto en el tiempo y resuelto de otro modo. El “cortoplacista” vive urgido, se cansa mucho y no hace nada fuera de tratar de manejar lo que se le impone, así posterga otros asuntos importantes en su vida: es un buen candidato a neurótico.
Por cierto, siempre habrá imprevistos que requieran postergar otras situaciones, pero eso es algo muy distinto al “cortoplacismo” que apenas ve más allá que la punta de la nariz y aguardando esperanzas baratas; así, no logra articular adecuadamente las dos miradas necesarias en la vida: la mirada cercana a lo que exige una acción inmediata, y la mirada de futuro que también exige una acción inmediata en términos de claridad de objetivos y adecuada planificación.
El problema del “cortoplacismo” no sólo afecta a los individuos, también a las instituciones y los proyectos colectivos; es un modo de gestión que tiende a administrar problemas en vez de crear soluciones. Por ejemplo, piense usted, en la actual discusión sobre el presupuesto del país para el próximo año, porque no sólo el “cortoplacista es un candidato a neurótico, también un país que vive a corto plazo incuba problemas aún mayores.
Para terminar, un muy buen amigo de todo discernimiento nos viene dado desde la sabiduría popular que dice “la salud está primero”. Es decir, donde se juega la vida y el derecho a ella, donde se juega la dignidad de la vida humana y, por tanto, el derecho a los cuidados que esa vida necesita, allí convergen siempre lo importante y lo urgente, y por eso siempre está primero.
11 octubre 2026
Entre enero y septiembre se realizaron 20.262 fiscalizaciones, 440 más que en el mismo período de 2025. El MTT también informó un aumento de controles en comunas rurales de la región.
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