2 de octubre de 2026
COLUMNA DE OPINIÓN | TENSIÓN POR LAS MALVINAS LLEGA A PUNTA ARENAS
Por Marcelo Pérez, analista internacional de la Universidad Andrés Bello.

El gobierno argentino inició procedimientos contra la empresa británica Thales UK Limited por vuelos entre las islas y la capital de Magallanes. Marcelo Pérez, analista internacional de la Universidad Andrés Bello, explica hasta dónde podrían alcanzar estas medidas y advierte que una eventual reducción de la conectividad podría afectar el rol logístico que Punta Arenas busca consolidar en el extremo sur.
La histórica disputa por las Islas Malvinas volvió a tener a Chile como actor indirecto. Esta vez, el foco está puesto en la conexión aérea con Punta Arenas y en las relaciones comerciales y logísticas que pueden desarrollarse desde la Región de Magallanes hacia el archipiélago.
El gobierno argentino anunció el inicio de procedimientos sancionatorios y denuncias penales contra Thales UK Limited, luego de detectar operaciones en la ruta entre las Islas Malvinas y Punta Arenas mediante una aeronave con matrícula británica que, de acuerdo con Buenos Aires, no contaba con autorización de las autoridades argentinas.
La controversia se produce además en momentos en que Argentina ha intensificado sus acciones diplomáticas, administrativas y jurídicas respecto de actividades económicas vinculadas a las islas, particularmente en torno al desarrollo de recursos hidrocarburíferos.
Pero ¿pueden estas decisiones afectar directamente a Chile o incluso a empresas que operan desde Punta Arenas?
Para Marcelo Pérez, analista internacional de la Universidad Andrés Bello, es importante distinguir las acciones anunciadas contra una empresa británica de las atribuciones que Argentina puede ejercer dentro del territorio chileno.
“Sí puede haber efectos, pero no significa que Argentina pueda simplemente prohibir un vuelo dentro de territorio chileno. Hay que entender que Argentina plantea acciones contra Thales UK Limited por un vuelo entre Malvinas y Punta Arenas que, según Buenos Aires, se realizó con una aeronave británica sin autorización argentina. Por lo tanto, esto se mantiene como un problema entre Argentina y una empresa británica, no contra el Estado chileno”, explica.
Pérez agrega que Buenos Aires también ha planteado la existencia de compromisos bilaterales con Chile respecto de no proporcionar desde territorio nacional apoyo logístico a determinadas actividades relacionadas con la explotación de recursos naturales en las islas. Sin embargo, advierte que se trata de acusaciones que, hasta ahora, considera insuficientemente acreditadas.
Punta Arenas como puerta de entrada a las islas
La conexión entre Magallanes y las Malvinas no es nueva. La ruta aérea entre Punta Arenas y las islas existe desde 1999 y ha sido reconocida en el marco de los entendimientos argentino-británicos sobre vuelos.
Precisamente por esa relación histórica, Pérez considera que una eventual interrupción o disminución de la conectividad tendría consecuencias que irían más allá de los vuelos.
“Punta Arenas es, sin duda, la entrada regional para las Malvinas. Por lo tanto, para las islas significaría menor conectividad con Sudamérica, mayores costos y tiempos de transporte, mayor dependencia de otras rutas y dificultades potenciales para pasajeros, trabajadores, carga y servicios especializados”, señala.
Para Magallanes, en tanto, el efecto estaría relacionado con las aspiraciones de Punta Arenas de consolidarse como una plataforma logística del extremo austral.
“Para Chile lo que sucede es una complicación aérea. Puede convertirse en un problema sobre el tipo de plataforma logística que Punta Arenas quiere ser para las Malvinas. Sin duda habrá menor flujo de pasajeros y actividad relacionada con las islas y un impacto sobre empresas que estén intentando abrir un nuevo mercado”, sostiene Pérez.
Comercio y soberanía: una relación sensible
El episodio ocurre en un escenario diplomático particularmente delicado, debido a la histórica controversia de soberanía entre Argentina y Reino Unido sobre las islas.
Al mismo tiempo, el desarrollo de relaciones comerciales entre empresas chilenas y actores presentes en las Malvinas abre una dimensión distinta, sostiene Pérez.
“Una cosa es que Chile respete la soberanía de otros países y otra es que se involucre en negocios o posibles nuevos mercados. Malvinas es un tema álgido, pero al mismo tiempo un terreno para establecer relaciones de negocios. Chile no debería tener que sobrepasar ningún tipo de soberanía al relacionarse con empresas que trabajen en las islas”, explica.
Por ello, considera que el desafío para Chile estará en manejar simultáneamente ambas dimensiones.
“Es un tema complejo en el que se debe aplicar una diplomacia astuta. Para Punta Arenas será, en el futuro, importante ser parte de los negocios del sur y potenciar su rol como centro de importancia económica. No es de sorprender que las empresas inglesas prefieran Chile para establecer un punto de avanzada hacia las islas y que sea la conexión con el continente”, concluye.
La estrategia gubernamental nacional —estructurada en cuatro pilares de inversión, subsidios, liquidez y seguimiento territorial— tiene su bajada en la región priorizando las obras públicas y el destrabe de proyectos privados.
La estrategia gubernamental nacional —estructurada en cuatro pilares de inversión, subsidios, liquidez y seguimiento territorial— tiene su bajada en la región priorizando las obras públicas y el destrabe de proyectos privados.




































































































































































