27 de septiembre de 2026
COLUMNA DE OPINIÓN | DE HABER ALGO, ALGO HAY
Por: Marcos Buvinic

Unos días atrás, mientras hacía compras en el supermercado, se me acercó un hombre joven y me dijo que seguía dándole vueltas a un comentario que publiqué a comienzos del año pasado, titulado “¿Qué es eso de tener fe?”. Me dijo que no sabía si era creyente o no, no sabía si tenía o no una fe religiosa, pero agregó “de haber algo, algo hay”. Tuvimos una buena conversación que, por cierto, demoró las compras, y le dije que seguiríamos dialogando a través de un comentario sobre el tema.
Muchas veces he escuchado a quienes dicen que “de haber algo, algo hay” y, habitualmente, es una frase dicha en una mezcla de dudas, distancias y búsquedas. Quien la dice indica que -de alguna manera- se siente desbordado por eso que llama “algo”. Es una frase que está como a medio camino: no es una rotunda negación de Dios, pero tampoco es una afirmación acerca de Dios.
Ese “algo” que intuye quien no puede aceptar que la banalidad y fugacidad de este mundo y de este inmenso universo sea lo definitivo, tiene todavía mucho camino para llegar a la fe, pues Dios no es “algo” sino Alguien. Un “algo” es todavía una realidad de este mundo; al final, es otra criatura más, algún tipo de “energía” indefinida e impersonal que no entra en diálogo ni transforma la vida.
La fe en Dios no proviene de una intuición dudosa, sino de un encuentro personal con Alguien que nos sobrepasa y nos traspasa; un encuentro con Alguien que ama, que entra en la historia, que se da a conocer y abre un diálogo personal con quien lo acoge. La fe es, precisamente, el paso de un “algo” impersonal a Alguien que nos conoce, nos ama y dialoga con nosotros.
Es más, la fe de los cristianos no sólo no es creer en “algo”, sino que por su carácter dialogal es creerle a Alguien, y esto comienza en el encuentro con el Señor Jesús. A través de su Palabra y en el diálogo orante con Él, el cristiano vive una experiencia que va tomando toda su persona -su manera de pensar, de sentir y de actuar-, y la presencia del Dios que es Amor lo atrae cada vez más e ilumina todos los aspectos y dimensiones de la vida, también el dolor y el sufrimiento. Eso es lo que expresa un texto del apóstol Juan, que dice: “nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es Amor” (1 Jn 4,16).
Entonces, creer en Dios tiene más que ver con el amor que con cualquier teoría que tranquilice las preguntas de nuestra razón. La fe no consiste en tener respuestas a todo, sino que es acoger una Presencia que, sin eliminar las preguntas hace que cambie el modo de vivirlas, porque la relación con el Señor Jesús nos sumerge en el misterio insondable e indecible de Dios. Así, la fe es sentirse y saberse amado por Dios y responder a ese amor, y por eso siempre es una respuesta agradecida y gozosa que abre a una esperanza siempre mayor (eterna, como Dios), una respuesta que se celebra y que compromete en un trabajo serio por un mundo más humano y más digno para todos los hijos e hijas de Dios.
La fe en Dios no es una emoción del corazón, y aunque el creyente siente y disfruta su fe, no es algo que dependa de sus sentimientos, sino que es una actitud responsable y razonada. Tampoco es una simple opinión personal, o una creencia “a mi manera”, porque la realidad de Dios no depende de mí, ni la fe es una creación personal, sino que nace de acoger la acción de Dios en mí (eso es lo que llamamos el Espíritu Santo). Menos aún es una simple tradición familiar o una costumbre religiosa, sino una decisión personal, consciente y libre de cada uno. Tampoco es una especie de tranquilizante ante los problemas, y aunque la fe en Dios es fuente de paz y consuelo, creer es el mejor estímulo para vivir, trabajar y luchar de un modo responsable y esperanzado, a la manera del Señor Jesús.
Entonces, eso de que “de haber algo, algo hay” es quedarse en la superficie, porque un “algo”, sea una idea ordenadora o una energía impersonal, no ama, no sostiene la vida ni la transforma. Precisamente lo que no ocurre con el “algo”, es lo que acontece en la fe en Dios, en el encuentro personal con el Señor Jesús que toma toda la vida, la transforma y envía a trabajar con otros, colaborando en la obra del Padre Dios que quiere una vida buena, plena y eterna, para todos sus hijos e hijas.
27 septiembre 2026
La programación contempla 31 funciones entre octubre y diciembre, con conciertos, teatro, danza y espectáculos a cargo de artistas nacionales y elencos locales.
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