18 de septiembre de 2026
COLUMNA DE OPINIÓN | EL PRECIO DEL SUELO AUSTRAL: CHILE EN LIQUIDACIÓN
Por Sergio Reyes Tapia Exseremi de Bienes Nacionales de Magallanes y de la Antártica Chilena.

Lo que el Ministerio de Bienes Nacionales intentó maquillar como una simple evaluación administrativa en la región, ha terminado por desnudar una de las verdades más incómodas para el actual gobierno: las fronteras de la Patagonia se miden en pesos y la soberanía es un concepto meramente reactivo.
La honestidad de la Seremi de la cartera, al analizar el polémico plan de enajenar dos islas fiscales en el Lago Blanco de Timaukel bajo el programa nacional "Se busca dueño", roza la ingenuidad política, pero nos regala una joya analítica. La autoridad admitió que la instrucción de la ministra Catalina Parot respondía a una urgencia presupuestaria a nivel nacional —un verdadero “raspado de olla” institucional para hacer caja con suelo fiscal— y lanzó una frase lapidaria: si este proyecto no hubiese coincidido temporalmente con la delicada sensibilidad geopolítica con Argentina, y la soberanía en el Estrecho de Magallanes, esta venta no hubiera sido noticia.
Aquí es donde debemos aplicar algunas preguntas de fondo: ¿De quién es el territorio de una nación? ¿Es el suelo fiscal un patrimonio soberano e inalienable de los ciudadanos, o es simplemente una mercancía que los gobiernos de turno pueden liquidar para tapar un hoyo financiero?
La respuesta que nos ofrece la realidad revela que el actual gobierno carece de una visión geopolítica permanente para las zonas extremas. Solo cuando el vecino del lado hace ruido, Santiago recuerda el valor estratégico de Magallanes.
Tuvo que desatarse una tormenta política regional, como la venta de las islas, para que las autoridades locales, delegada y seremi, se reunieran en forma urgente con la ministra y subsecretario y se tomara una decisión. Fue ahí, en una tensa reunión donde el nivel central se vio obligado a retroceder y pactar la retirada: las islas no se venderían.
Pero no nos engañemos. Ese “pie atrás” del Ejecutivo no nació de una súbita epifanía de respeto territorial; fue el frío miedo político al eco del grito ciudadano. Las dos islas de Tierra del Fuego se salvaron del remate por esta vez, descolgadas a última hora de un inventario que pretendía privatizar el viento y las turberas. Sin embargo, la herida reflexiva queda abierta.
Mientras el burócrata de la capital siga visando listas de propiedades regionales desde el desarraigo de una oficina que ni siquiera conoce las 11 comunas de la zona, Magallanes seguirá en peligro.
No podemos permitir que el futuro de nuestra geografía dependa de lo que diga el gobierno e intente vender, lote a lote, lo que nunca ha tenido la sintonía fina para comprender. Porque la Patagonia no es un frío código fiscal en un computador de la capital; es un santuario de glaciares, islas, historias y silencios que no se rematan. El suelo austral no se vende, porque el patrimonio de un pueblo no tiene precio, y la soberanía de una región no se transa en las mesas de dinero de Santiago.
El siniestro movilizó a Carabineros del Retén Agua Fresca y a Bomberos hasta el sector de Río Amarillo. El único ocupante de la vivienda logró escapar ileso tras salir por una ventana.
El siniestro movilizó a Carabineros del Retén Agua Fresca y a Bomberos hasta el sector de Río Amarillo. El único ocupante de la vivienda logró escapar ileso tras salir por una ventana.





































































































































































