20 de enero de 2026
ALEJANDRO MAASS, PREMIO NACIONAL DE CIENCIAS EXACTAS 2025: "LA ANTÁRTICA ES UNA VERDADERA CAJA DE DESAFÍOS CIENTÍFICOS QUE VAN A MOTIVAR GRAN PARTE DEL DESARROLLO DURANTE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XXI"
El matemático y bioinformático Dr. Alejandro Maass Sepúlveda, Premio Nacional de Ciencias Exactas 2025, estuvo a principios de enero en Punta Arenas para participar en el encuentro internacional "Fostering Antarctic and Southern Ocean Research and Policy Actions".

La instancia, realizada en el Instituto Antártico Chileno (INACH) y organizada por Fondation Tara Océan, PlanktEco, la Universidad de Chile y el Instituto Milenio Centro de Regulación del Genoma, con apoyo del propio INACH, reunió a autoridades, centros de excelencia e investigadores en una jornada que reafirmó el carácter estratégico y profundamente colaborativo de la ciencia polar.
En ese momento, Maass no conocía ni el Ártico ni la Antártica, esta entrevista antecedió su primer viaje al Continente Blanco, concretado posteriormente a través de su participación en el Congreso Futuro 2026. Una experiencia que, según relata en esta conversación, refuerza la urgencia científica y climática que plantean estos territorios polares.
Desde su experiencia estudiando océanos y cambio climático, ¿qué papel están jugando hoy los polos —y especialmente el océano Austral— en lo que está ocurriendo con el clima en Chile y en el resto del mundo?
Alejandro Maass (AM): Creo que aún falta mucho por entender. Sin embargo, ya vemos que varios paradigmas tradicionales de la oceanografía están cambiando. La comunicación entre los sistemas oceánicos parece ser más intensa y relevante de lo que se creía. Esto tiene un impacto fundamental en el clima y en el funcionamiento del océano.
Las transformaciones en sus condiciones físicas, químicas y biológicas afectan al clima y, a la vez, el cambio climático repercute nuevamente en el océano. Por eso estas grandes expediciones científicas hacia el Continente Blanco son tan necesarias: aún queda muchísimo por descubrir.
Un ejemplo interesante es la expedición al mar de Weddell liderada por Chris Bowler y el equipo de Tara hace algunos años. Encontraron resultados inesperados que desafiaron ideas previas, especialmente en torno a funciones biológicas y comunidades de diatomeas. No sé el detalle, pero yo diría que estamos, de alguna manera, partiendo estas eras de estudios biológicos en relación con el medioambiente, yo creo que mucho de lo que estamos viendo hoy día van a ser los nuevos paradigmas del océano.
Este año se inauguró la Estación Polar Tara en el Ártico, una plataforma flotante que se viene desarrollando desde 2023. Para quienes no la conocen, ¿qué la hace tan especial y distinta de otras estaciones científicas?
AM: Yo diría que es bien única, comparable a una "estación espacial", pero sobre el agua, en el Ártico. No es un barco: es un gran laboratorio flotante diseñado para albergar científicas y científicos que puedan realizar mediciones y experimentos de manera continua durante momentos del año en que es muy difícil llegar con barcos.
Una particularidad clave del océano es la logística. No es posible ir a cada rato al océano o a la Antártica; por eso las infraestructuras permanentes son tan importantes. La Estación Polar Tara permite medir condiciones del Ártico a lo largo del tiempo, atravesar el hielo, observar cambios físicos, químicos y biológicos de manera sostenida y cerrar brechas en series temporales que hoy son muy difíciles de obtener.
Desde su experiencia trabajando en bioinformática y genómica, ¿sería posible realizar algo similar en la Antártica para estudiar microorganismos?
AM: Por supuesto. De hecho, es uno de nuestros sueños: realizar una expedición CO₂ Antártica, aplicando los mismos estándares y protocolos de la Fundación Tara y sus expediciones anteriores para construir una línea base amplia del entorno antártico y de los mares que lo rodean, especialmente en lo que respecta a microorganismos.
Lo que hacemos en Tara y en la misión Microbioma que realizamos en Chile, es estudiar el plancton, que es una parte esencial del océano y juega un rol fundamental en las bombas biológicas. La embarcación Tara, además, puede acceder a zonas donde las embarcaciones más grandes tienen dificultades. Es un sueño que puede hacerse realidad, dependiendo del tiempo, las corrientes y los vientos. Ir al mar siempre es más difícil, pero sí, es un sueño nuestro cubrir la Antártica.
Usted ha señalado en varias entrevistas que la ciencia chilena no está aislada del mundo y que el país ha construido un capital científico importante. ¿Qué tendría que ocurrir para que ese capital se transforme realmente en motor de desarrollo?
AM: Chile ha construido un capital cultural importante en esta área y está inserto en el mundo. Pero vivimos tiempos de transición —climática, social, tecnológica— que nos afectan, nos sorprenden, nos hacen pensar qué es el futuro.
Estoy convencido de que si no cambiamos nuestro modelo de desarrollo y sumamos a la ciencia como un actor más en la toma de decisiones —sin jerarquías y en conjunto con la economía, la organización social y otros sectores— no vamos a enfrentar adecuadamente lo que sigue de buena manera. Aunque tengamos un financiamiento modesto, el país ha logrado generar talento y capacidades que deben utilizarse. Cuando se usa el capital cultural, este se multiplica.
Creo que hay que pensar en cambiar nuestro modelo de desarrollo. Chile hace muchos años pensó en el modelo exportador, fue capaz de inventarse un modelo de desarrollo. Yo creo que sí podemos y tenemos que inventar un modelo de desarrollo basado en ciencia. Hay que creer que la inversión en ciencia es una inversión, no un gasto.
Mirando el panorama general, ¿cuáles son las principales necesidades del sistema científico nacional?
AM: Yo creo que falta convicción en el sistema científico nacional. Creo que esa es la base: tener la certeza de que la ciencia es estratégica. A partir de allí vienen los estándares, la transparencia, la evaluación adecuada y una mirada amplia hacia las oportunidades que ofrece el país.
Debemos abrir espacio a las nuevas generaciones de científicas y científicos, y recorrer continuamente la cadena de valor del conocimiento, que a veces olvidamos. Evaluamos mucho —quizá demasiado— pero descuidamos otras áreas igual de importantes, como la inserción, la continuidad y la consolidación.
También nos falta apostar más. En los años 90 y 2000 Chile hizo apuestas audaces, como el Plan Genoma Chile, que permitió que hoy tengamos genómica de nivel mundial. La empresa privada invierte cuando quiere ser competitiva globalmente; el país también debe atreverse. Yo creo que hay que creer que la inversión en ciencia es una inversión, no es un gasto.
Para cerrar, una pregunta más personal: ¿cuál es el vínculo que usted tiene con la Antártica y qué significa para usted este territorio?
AM: Para mí el vínculo es teórico. Es belleza, es lo que uno lee, es una historia. Desde el punto de vista de la ciencia, yo creo que representa el futuro. Es una acumulación de problemáticas, de preguntas hacia la ciencia que van a motivar nuevas ciencias.
Muchas veces pensamos que disciplinas como la matemática ya están completas, pero en realidad las seguimos construyendo y muchas de las preguntas que surgen de la naturaleza —y particularmente del océano y su genómica— nos obligan a ir más allá de lo que sabemos hoy.
Las pocas muestras que existen, por ejemplo, en sectores como el mar de Weddell, ya están revelando fenómenos emergentes que no sabemos resolver con la matemática que tenemos hoy en día. Eso impulsa la creación de nuevo conocimiento y nuevas metodologías.
En ese sentido, la Antártica es una verdadera caja de desafíos científicos que, estoy convencido, van a motivar gran parte del desarrollo científico durante la segunda mitad del siglo XXI.
La visión de Alejandro Maass sitúa a la Antártica como un desafío científico que trasciende la mera protección, exigiendo audacia e imaginación científica. Es un territorio que expande los límites del conocimiento actual y obliga a crear nuevas herramientas para comprender un planeta en constante transformación.
En un contexto de crisis climática y cambios acelerados, su reflexión es clara: el futuro de la ciencia —y en gran parte, el futuro del propio planeta— dependerá de la capacidad de la humanidad para descifrar lo que hoy ocurre en los polos. Y Chile tiene la oportunidad única de ser protagonista en la búsqueda de estas respuestas.
El Instituto Antártico Chileno (INACH) es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).
En la actividad, que tuvo lugar en Gloria 88, en la comuna de Las Condes -región Metropolitana-, el mandatario republicano dio a conocer los nombres que encabezarán los 25 Ministerios una vez que asuma el próximo 11 de marzo.
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