25 de enero de 2026
NO ES COSA DE SUERTE
Por Marcos Buvinić Martinić

¡Terrible la experiencia de los incendios en la región del Biobío! Es sobrecogedora la imagen de devastación de las ciudades y campos afectados. Ante la magnitud del desastre es posible sentir -aun a la distancia- el sufrimiento de miles de personas, de quienes fallecieron y sus familias, de quienes lo perdieron todo, sus casas y sus fuentes de trabajo; de quienes ahora esperan que alguien los ayude a ponerse en pie y de quienes trabajan en controlar el fuego que arrasa con todo. Es una muy triste experiencia que cada vez se repite con más frecuencia, año a año.
En medio de la tragedia llama la atención quienes se lamentan de la mala suerte por lo sucedido, o quienes se alegran por la buena suerte de que a ellos no los ha tocado. ¡Como si todo esto fuera cuestión de suerte! Una manera de pensar y de vivir donde todo es “cuestión de suerte”. Así, la vida de las personas, su salud o enfermedad, su felicidad o infelicidad, quedarían entregados a los incomprensibles designios del azar o de un “destino” que alguien decretó para perjudicar a algunos y bendecir a otros.
Los invito a que reflexionemos juntos, porque esta ingenua y rudimentaria manera de pensar y de vivir en la que todo es cuestión de suerte, es bastante más común de lo que pareciera. La consecuencia lógica de esta manera de pensar es la búsqueda de mecanismos que permitan atraerse “la buena suerte, y en la historia del ser humano ese es el origen de la magia, en cualquiera de sus formas. Entonces, las personas se encontrarían sometidas a unos poderes anónimos y ocultos -a veces, benévolos y otras veces, inmisericordes- de los que depende la ventura o la desventura, y en último término, la vida o la muerte. Por cierto, hay algunas dimensiones de la vida en las que el azar tiene su espacio; por ejemplo, en los llamados “juegos de azar”, pero aun allí el cálculo de probabilidades le quita terreno a la “buena suerte” o a la “mala suerte”.
Esta manera de pensar y de vivir en la que “todo es cuestión de suerte”, intenta explicar diversos hechos (accidentes, incendios, enfermedades, etc.), excluyendo cualquier responsabilidad humana. En una palabra, la vida estaría en manos de un “destino” ciego que -sin atender razones, motivos, excusas o méritos- reparte buenaventura a unos y maldiciones a otros.
En este primitivismo mágico, la responsabilidad humana en la construcción de la propia vida y en el aprendizaje de la felicidad a la que todos estamos llamados se diluye en los laberintos misteriosos de “la suerte que te tocó”. Así, ya no tendría sentido buscar el bien en las propias decisiones y acciones, ni el anhelo de crecer en una vida virtuosa, sino que todo depende de esa “suerte”.
Cuando las personas abdican de la responsabilidad de construir su propia vida discerniendo buenas decisiones y realizando buenas acciones, las consecuencias son el deslizamiento por la pendiente “mágica” (para beneficio de los que lucran con el miedo de quienes viven sometidos al “destino”), la frustrante pérdida de autoestima ante un destino que no cumple los deseos de las personas y, lo más importante, la pérdida de la capacidad de ejercer la libertad en el desarrollo de las cualidades y capacidades que se nos han dado para vivir y aprender a ser felices en esta vida junto a otros.
A muchos les cuesta convencerse que no existe “la buena suerte” ni la “mala suerte”, sin ver que se trata, en ciertos casos, de diversos fenómenos de la naturaleza que la ciencia en sus posibilidades y avances intenta desvelar, en otros casos está en juego la bondad -o la irresponsabilidad, y aun la maldad- de las decisiones que tomamos en nuestra libertad.
Al pensar que todo es “cuestión de suerte” no nos hacemos responsables de nuestras decisiones y acciones. Acabo de ver en TV un excelente aviso que señala que “todos los incendios tienen un nombre”, pues siempre hay responsabilidad humana en alguna acción u omisión que abrió la puerta a la tragedia. Así como también es responsabilidad humana apoyar solidariamente en las colectas para las víctimas de los incendios.
Por último, la fe en Dios no es como algunos piensan un amuleto para asegurarse “la buena suerte” y evitar “la mala suerte”, sino que es el llamado a vivir responsablemente en nuestra libertad, y caminar confiando en la bondad de Dios que nos ha creado y, así, avanzar fortalecidos por el amor sin límites del Señor Jesús. El que camina apoyado en ese amor, avanza confiado ante todas las situaciones de la vida con responsabilidad y esperanza.
Aprovecho de despedirme de los amables lectores hasta el mes de marzo, pues haré una pausa vacacional en estos comentarios dominicales.
24 enero 2026
La inversión busca elevar los estándares de atención, seguridad y comodidad para usuarios y funcionarios de la red municipal de salud.
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